Cuaderno
Aperturas en pueblos de Granada: qué decir a la prensa del valle
Cuando abre un comedor en Cádiar, Lanjarón o el propio Torvizcón, el primer teléfono que suena no es el de una revista de Madrid. Es el de la emisora que se oye en las furgonetas de la cooperativa. Si la nota llega con adjetivos de hotel urbano, la cesta de correos la deja para el viernes y el viernes no hay redactor.
Lo que sí se lee: nombre del local, calle, día de la primera mesa, si hay menú de mediodía, si cierran el martes, y de dónde sale el pan. Si el chef llega de Málaga, dígase. Si la cocina es de una hija que volvió, dígase también. La comarca distingue entre arraigo y franquicia aunque el plato se llame igual.
Invitar a la prensa el día de la inauguración con vermú es una costumbre que aún funciona, siempre que no se disfraces de cóctel de marca. Un plato de la carta real, no un canapé que no se va a servir nunca, evita reseñas desorientadas. Hemos visto locales pagar por un fotógrafo y luego servir otro menú: el vecino se siente engañado antes que el periodista.
El ayuntamiento y la asociación de hostelería quieren un párrafo para el bando o el WhatsApp vecinal. Ese párrafo no es la nota de prensa. Es más corto, con horario y un «se agradece reserva» si las mesas son pocas. Mezclar ambos textos produce un comunicado que nadie pega en el bar de al lado.
Después de la primera semana, un debrief de tres puntos basta: quién vino, qué plato se acabó, qué pregunta se repitió. Esa pregunta —«¿hacéis raciones para llevar?» o «¿hay sitio para silla de ruedas?»— es el siguiente texto que hay que escribir, no un eslogan.